En el municipio de Biyo Ade, (South jijiga woreda, fafan zone) en la región somalí de Etiopía, vive Surer Sheik Mohamed. Al igual que las demás mujeres de su comunidad, hasta hace muy poco, Surer tenía que vivir una “lucha diaria” para poder obtener agua. “Teníamos que caminar hasta aquella montaña (la señala en el horizonte) y cruzar un río para encontrar una fuente. Nos tomaba prácticamente todo el día ir y volver. Muchas veces cogíamos agua en el río o en el estanque para no tener que recorrer distancias tan largas. Pero esta solución acarreaba problemas de salud, ya que estas aguas estaban sucias” nos cuenta.
Pero la suerte de las familias del municipio de Biyo Ade cambió drásticamente a mejor con la instalación de un pozo que, en el caso particular de Surer, se encuentra solo 20 minutos andando de su hogar.
Un pozo que está cambiando vidas
En el marco del convenio que implementamos con la financiación de la AECID, en consorcio con ONG Rescate y de la mano de nuestros socios locales ECC-SDCBOH y HAVOYOCO, se ha construido este pozo que tiene una profundidad de 58 metros y está dotado de un sistema de bombeo solar fotovoltaico. Además, en torno a él se han instalado 2 kilómetros de tuberías de distribución y un depósito de almacenamiento con 50 metros cúbicos de capacidad.
Esta infraestructura abastece de agua a Biyo Ade y a otros cinco municipios cercanos. El agua que proporciona es apta para consumo humano, pero también cuenta con tres abrevaderos para ganado y para dos explotaciones de frutales y árboles multipropósito que se expanden a lo largo de 5 hectáreas.
En total, con la construcción de este pozo y todos los avances que conlleva, unas 4.600 personas han conseguido mejorar sus condiciones de vida. Este hecho es especialmente notable en temporada seca, cuando el agua se convierte en un bien aún más preciado en la región somalí de Etiopía.
La situación de mujeres y niñas
Si este pozo está mejorando la vida de tantas personas, en el caso de las mujeres y las niñas la diferencia es aún mayor, ya que son las encargadas de recoger el agua necesaria para la vida en sus comunidades.
Ya no tienen que emplear días enteros ni recorrer tantísimos kilómetros. Tampoco tienen que exponerse a los riesgos y peligros que supone tener que desplazarse tan lejos. Además, la nueva infraestructura cuenta con un sistema de mangueras adaptado que permite que estas mujeres puedan rellenar directamente los pesados bidones que transportan a lomos de sus burros, sin necesidad de descargarlos y volverlos a cargar.
El testimonio de Surer
“Este proyecto nos ha cambiado la vida por completo” asegura nuestra protagonista. “Antes enfrentábamos riesgos y desafíos enormes. Requeríamos mucho esfuerzo físico y tiempo para obtener agua. En la temporada de lluvias el riesgo era aún mayor: cruzábamos el río con miedo, y si el caudal subía de golpe mientras estábamos al otro lado, nos quedábamos atrapadas allí dos días enteros sin poder regresar a casa con nuestras familias” recuerda Surer.
“Tampoco podíamos ir solas, sobre todo durante la temporada seca. Teníamos que organizarnos en grupos de mujeres porque los animales salvajes, como las hienas y los babuinos, son un peligro real en esa ruta” continúa contando. Además, cuenta como, al no poder cargar con todo, muchas veces tenía que llevar consigo a sus dos hijas para que le ayudaran, teniendo que dejar solos en la casa a sus hijos más pequeños durante muchas horas.
“Muchas veces regresaba tan tarde que ya había pasado el horario de la comida y mis hijos tenían que saltársela hasta la cena. Pero ahora nadie corre peligro. Mis hijas pueden quedarse seguras en casa, ir a la escuela o cuidar de sus hermanos pequeños. Ya no hay niños solos en el hogar. Ahora puedo cocinar para ellos a tiempo e incluso llevarle el almuerzo a mi marido, que trabaja en el campo” cuenta con alegría.
Mejoras para toda la comunidad
Al igual que Surer y su familia, la población de estos municipios ya está experimentando las mejoras que suponen tener agua limpia y segura garantizada. “Al ahorrar tanto tiempo, mi vida se ha transformado” admite.
“Puedo dedicarme a las tareas del hogar con calma, cuidar mejor de mis hijos, ayudar a mi marido en el campo, ir al mercado y generar mis propios ingresos. También tengo tiempo para socializar con otras mujeres” añade Surer.
Más avances
Además, explica que en el marco de este convenio se ha logrado otro avance que ha mejorado sustancialmente la vida de la comunidad: la instalación de un servicio de molienda impulsado por energías renovables en el propio pueblo. “Ya no tenemos que viajar tan lejos para procesar el grano, lo que nos ahorra aún más tiempo. Es más, otros vecinos de los municipios cercanos vienen al nuestro para moler su grano. Al no necesitar agua ni gasolina para hacer funcionar el molino, el servicio que ofrecemos es más barato”.
“Mi vida se ha transformado al contar con más tiempo” concluye Surer, quien también ha encontrado la oportunidad de formar parte de una cooperativa que le permite generar sus propios ingresos. Así, ha comenzado a criar cabras y obtener su propio sustento por ellos.
El testimonio de Surer evidencia cómo el acceso a agua saneada puede cambiar la vida de tantas personas desde varios puntos de vista: económico, sanitario, alimentario, de seguridad, de empleo… Tanto es así que Surer y su familia, incluso, están comenzando a cultivar sus propios árboles frutales y verduras. “Jamás me había planteado esta posibilidad” reconoce Surer, “hoy nuestra vida es muchísimo mejor”.