Nesriya Amin vive en Bedasa, un municipio (o kebele) situado en la región de West Hararghe, al este de Etiopía. Nesriya está casada con Shemsu Aliyi y tiene cuatro hijos. Hasta hace apenas unos meses, afrontaba serias dificultades para cubrir los gastos de su hogar y poder satisfacer las necesidades básicas de alimentación y educación de sus hijos. No contaba con ingresos regulares y, por tanto, no tenía ni la mínima capacidad de ahorro.
Sin embargo, la situación de Nesriya cambió en diciembre de 2025, cuando encontró la oportunidad de formar parte de un grupo de generación de ingresos formado por mujeres, en el marco del programa que implementamos con la financiación de la Generalitat Valenciana y en colaboración con nuestro socio local Catholic Caritas Ethiopia – Harar (CCE-H).
Crédito, ingresos y ahorros
Estos grupos promueven la ayuda mutua entre mujeres para que puedan acceder a créditos con los que impulsar su propia actividad agropecuaria y, así, generar sus ingresos y ahorros. Es así como nuestra protagonista y sus compañeras han comenzado a construir su autonomía económica.
El propio ejemplo de Nesriya demuestra que este sistema es sencillo pero muy eficaz. Ella comenzó aportando una pequeña suma de ahorro al grupo cada semana, unos 100 ETB (moneda etíope) y, a su vez, recibió 5.000 ETB para iniciar su pequeño negocio de venta de aceite de cocina.
Gracias a su empeño y a su gestión cuidadosa, Nesriya logró que esta actividad funcionara muy bien y consiguió sus primeros beneficios, lo que le permitió duplicar el ahorro que aportaba semanalmente al grupo y, así, mejorar su capacidad financiera y fortalecer su compromiso con sus compañeras. Pero no solo eso, su puntualidad a la hora de devolver este primer préstamo le posibilitó acceder a un segundo (de unos 4.000 ETB) con el que ha acometido el crecimiento de su negocio.
Ampliación del negocio
Gracias a este segundo préstamo, Nesriya ha podido ampliar su actividad productiva más allá del aceite de cocina: ahora también abastece de arroz, harina de maíz y sal a otros vecinos de su kebele. Ella misma explica cómo, por fin, su trabajo le está permitiendo mejorar la resiliencia financiera de su familia. En un contexto en el que, generalmente, las mujeres no tienen capacidad de generar ingresos, Nesriya y sus compañeras están demostrando que ellas también pueden contribuir a la toma de decisiones en los hogares, a la cobertura de las necesidades económicas de la familia y a la capacidad de ahorro a largo plazo.
Su ejemplo muestra cómo el acceso a préstamos, a la generación de ingresos y al ahorro puede transformar la realidad de muchas mujeres etíopes, abandonando su situación de exclusión financiera. Esta evolución no solo es evidente en términos productivos y económicos, sino que también tiene una clara repercusión en la confianza y autoestima de estas mujeres increíbles que tanto tienen que aportar para mejorar el futuro de sus familias y comunidades.
Y así, viendo de lo que es capaz, Nesriya sigue trabajando con ilusión y esfuerzo para cumplir su sueño de convertir su negocio en una tienda, ¡seguro que lo conseguirá!
