Roukaya Mosolmani, tiene 36 años y vive en el sur del Líbano. Tiene dos hijos y, durante años, el sustento de su familia dependió exclusivamente de los ingresos de su marido. Sin embargo, su pasión por el mundo de la belleza y, en especial, por el cuidado de las uñas, la empujó a buscar una oportunidad para convertir su talento y sus habilidades en una fuente de ingresos.
Es así como conoció el convenio que estamos implementando en este país, en consorcio con ONG AIDA, con el apoyo de la AECID y en colaboración con ADR. A través de esta iniciativa, Roukaya encontró una oportunidad para capacitarse tanto técnica como profesionalmente. Así, se formó como profesional del cuidado de la piel y las uñas, pero también adquirió los conocimientos empresariales necesarios para emprender su propia actividad.
Un aprendizaje íntegro
Roukaya se siente muy afortunada de haber participado en este convenio y anima a otras las mujeres a seguir adelante y participar en programas como este: “No solo adquirí nuevas habilidades y me capacité, sino que también aprendí sobre mis derechos como mujer”.
Así, durante el proceso de formación profesional, Roukaya desarrolló habilidades cruciales en gestión de recursos, planificación financiera y atención al cliente. Pero lo más importante para ella fue poder impulsar su autoconfianza y encontrar el apoyo necesario para atreverse a tomar la iniciativa. Es así como, finalmente, lanzó su propio negocio de belleza desde casa-
En definitiva, Roukaya ha logrado su autonomía económica y ahora puede contribuir a los gastos de su hogar, participando activamente en la mejora de la calidad de vida de su familia.
Mirando al futuro, confía en seguir expandiendo su negocio y desarrollando sus conocimientos. Además, le gustaría inspirar y apoyar a más mujeres de su comunidad para que persigan sus sueños y alcancen la autonomía económica.