Esta actividad de voluntariado de la FPSC se realiza en el marco del convenio de colaboración firmado con la CAM, de la mano de la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS).

Una de las peticiones por parte de la AMAS fue dar prioridad al comienzo de la actividad de voluntariado en este centro, debido a que se encuentra en una ubicación de difícil comunicación en Barajas y existe una mayor necesidad.

El grupo de voluntarios de la FPSC (#voluntariosBarajas) lo forman jóvenes profesionales de Madrid, que tras una formación previa, el pasado 10 de octubre, iniciaron con mucha ilusión este proyecto de acompañamiento y ocio, que constituye un espacio de convivencia con los residentes de este centro.

La actividad, por ser la primera programada del curso, tenía la dificultad de servir para “romper el hielo”, pero fue un éxito y tanto los voluntarios como los residentes y profesionales del centro ocupacional quedaron muy satisfechos y con ganas de volver a encontrarse.

A continuación compartimos con vosotros el testimonio de Curro, coordinador de este grupo de voluntarios:

“El pasado Sábado 10 de Octubre comenzamos un voluntariado en el Centro Ocupacional Barajas para personas con discapacidad intelectual.

Teníamos muchas ganas de empezar este voluntariado, ya que este Centro, al encontrarse cerca del aeropuerto, no tenía hasta ahora ningún grupo que se acercara a acompañar a los residentes.

Nos recibieron encantados, se les veía con mucha ilusión y con muchas ganas de pasar un tiempo haciendo algo diferente. Como era la primera vez que íbamos, pensamos que lo mejor era empezar con un juego de presentación con el que pudiéramos ir conociendo a cada residente. De los diecisiete voluntarios que fuimos solo unos pocos tenían experiencia en trato con discapacitados intelectuales así que, además, el juego nos servía como toma de contacto.

El juego que elegimos fue la telaraña y consistía en formar un círculo e irnos presentando mientras íbamos tirando un ovillo de uno a otro. Al terminar la ronda de presentaciones, se deshacía la telaraña y decíamos algo que nos gustara de la persona que nos lo hubiera lanzado. Al principio teníamos dudas sobre cómo iba a resultar el juego, nunca lo habíamos hecho y teníamos miedo de que no les gustara o que estuvieran incómodos. ¡Todo lo contrario! Les encantó a todos, a los voluntarios, a los residentes y al personal de la residencia. Después de hacer varias rondas para conocer a los cuarenta residentes, realizamos otro pequeño juego hasta que llegó la hora del aperitivo. ¡Su hora favorita!

Al despedirnos nos dio mucha pena escuchar cómo algún residente nos preguntaba si volveríamos al día siguiente… Ojalá un día lleguemos a ser tantos voluntarios que podamos ir tan a menudo.

Aún así nos fuimos muy contentos, todos teníamos alguna anécdota que contar y algún residente con el que habíamos congeniado especialmente. Tanto nos gustó que ya estábamos pensando qué actividades y juegos hacer para la próxima vez.

En resumen, una experiencia fantástica que recomiendo a todos.”