Por segundo año, estudiantes de la Universidad de Navarra UNAV, a través de un acuerdo establecido con la FPSC, se han desplazado a Oriente Medio, en concreto a Jerusalén y Líbano, para realizar un voluntariado de cooperación durante la época estival.

El voluntariado de cooperación de la FPSC permite a los jóvenes no sólo ayudar a la Fundación en el desarrollo de sus proyectos, sino que también les proporciona un conocimiento más profundo de la realidad del país y les permite entablar un contacto y trabajo directo con la población local.

Transcurridos los primeros días desde que llegasen las voluntarias Victoria e Inés a Jerusalén, escriben su primera crónica, recogiendo sus experiencias iniciales en la región:

“Primera semana trabajando para FPSC

Llevamos una semana en Jerusalén, y aunque ya nos hemos acostumbrado al alboroto constante y a la diversidad de lenguas y culturas, cada día descubrimos y aprendemos cosas nuevas.

En la FPSC ayudamos a organizar la parte de ‘papeleo’ que requiere cada iniciativa que tiene la Fundación. Nos han explicado cómo llevar a cabo un proyecto, de principio a fin, y los mil detalles que hay que tener en cuenta al realizar un proyecto de cooperación. Hemos profundizado también sobre la Declaración Universal de Derechos Humanos, tenidos estos en cuenta en los Objetivos del Milenio 2015, los cuales no se han conseguido enteramente, pero que sirven como meta a la hora de establecer los objetivos generales de un proyecto para todas las ONG.


Un ejemplo muy visual de lo que comprende un proyecto es ampliar una escuela en un barrio empobrecido. Esto no es sólo contratar a unos obreros y que pongan ladrillos, uno encima de otro, sino que habrá que pensar en el material, el trasporte, los trabajadores, y sobre todo antes de esto habrá que tener en cuenta las opiniones de los niños, los profesores y los padres. Hay que tomar dato del número de alumnos, qué beneficio aportará la ampliación, cuánta financiación habrá que pedir, cómo se va a poder sostener en el tiempo el proyecto… Y tantas cuestiones más que habrá que pormenorizar antes de empezar, lo que sobrepasa a la mera ampliación de la escuela.

Es necesario conocer la cultura del pueblo, cómo funcionan ellos, qué necesidades tienen. No se pueden imponer aquellas ideas que desde un punto de vista occidental pueden parecer imprescindibles. Los proyectos deben de surgir de los locales para que se quieran comprometer hasta el final con el proyecto y sientan el vínculo de que eso es algo propio; de ellos, para ellos y bajo su responsabilidad de conservarlo.


Como bien nos han enseñado, un proyecto de colaboración no es caridad, ya que será sostenible en el tiempo, y sólo será posible si las personas que se ven afectadas se involucran plenamente en el proyecto. Ofrecer más plazas en un colegio y mejorar la calidad de la enseñanza no sólo  cambiará la vida de los niños, sino que también afectará positivamente a padres, profesores y, eventualmente, a la población entera, ya que existen actores directos e indirectos. Un proyecto de cooperación requiere una visión a largo plazo y a gran escala, pero llevado a cabo a través de los detalles.

Aparte de trabajar, este voluntariado nos ha permitido descubrir un país apasionante, lleno de nuevas personas, pueblos, costumbres, sabores… En el que opinar de la situación política es como hablar del tiempo, en el que en calles contiguas conviven culturas distintas, en el que las religiones viven entremezcladas pero a la vez visiblemente separadas. A medida que vas hablando con la gente, recorriendo el país y familiarizándote con sus habitantes, vas entendiendo el Estado de Israel y Palestina.

Victoria e Inés
Jerusalén, Julio 2015”