El pasado jueves, 4 de diciembre, tuvo lugar un intercambio de ideas sobre las nuevas perspectivas políticas y económicas que la elección del presidente estadounidense, Barack Obama, trae para América Latina. En el debate participaron cuatro embajadores de tres países latinoamericanos, periodistas y el público presente.

 

El debate se realizó durante un desayuno de trabajo en el hotel Regina Hotel Baglioni, ubicado en la Via Veneto en Roma, y fue patrocinado por la Fundación Promoción Social de la Cultura y por el Observatorio sobre América Latina, Mediatrends, y su local italiana Prestomedia.

Los embajadores presentes fueron: por Colombia, Sabas Pretelt de la Vega; por México, Jorge Chen; y dos embajadores del Perú, uno ante Italia, Carlos Roca, y otro ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve. Cabe destacar que éstos son los tres países que conforman el sector latinoamericano más cercano a Estados Unidos.

Los periodistas pertenecían a diversos medios italianos, incluida la agencia de noticias ANSA. En próximas reuniones se invitará a embajadores de otras áreas latinoamericanas.

Entre las diversas posiciones quedó claro que con la nueva administración estadounidense «habrá más cambio de enfoque y de comunicación que de tipo económico» hacia dichos países, cuyas relaciones son muy sólidas.

Entretanto, el hecho que los Democráticos tengan una estructura menos piramidal en su sistema de mando haría que los intereses dependan no sólo de la Casa Blanca, sino también de la Secretaría de Estado, del Pentágono, de los sindicatos, de las universidades, etc, lo que probablemente desembocará en una atención mermada hacia Latinoamérica y centrará prioridades en áreas más conflictivas, como Medio Oriente.

Como el sistema de gobierno de los Democráticos es más descentralizado, será importante entender en los próximos días quiénes serán los colaboradores de Obama para saber qué rumbo tomará.

Sobre la inmigración, Obama prometió en campaña electoral un programa en el primer año de su gobierno, lo que se traducirá en algún cambio, aunque dificilmente en una regularización masiva, dado el endurecimiento que hacia la inmigración se ha registrado en los últimos años. Además, el voto hispánico determinará una aproximación del gobierno al tema de la inmigración.

En economía, la recesión en Estados Unidos va a afectar a los países latinoamericanos, si bien éstos se encuentran mucho más preparados que en decenios anteriores, entre otros motivos porque lograron vencer las crisis cíclicas y cuentan con parámetros económicos más sólidos. Se podría pensar – al menos en los tres países representados en la reunión – más en una desaceleración que a una recesión.

Salió también a flote que hay sectores sindicales estadounidenses cercanos al gobierno, muy contrarios al libre comercio con los países latinoamericanos, si bien Obama consideró por ejemplo que el acuerdo con Perú era un modelo. Además, hoy en día queda claro que el NAFTA, (el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá) fue ventajoso para todos. Dichos sindicatos demorarían la puesta en práctica del libre comercio y obstaculizarían los tratados por firmarse.

El avance registrado en Latinoamérica en materia de derechos humanos, tema muy sensible a los democráticos, también facilitará las buenas relaciones con la región.

Se espera que el tema seguridad se vincule al tráfico de droga (dado que hoy en día la administración Bush apoya la lucha al narcotráfico), con la creencia de que la futura administración sea más consiente de la corresponsabilidad.

Menos claro quedó cuánto se va a molestar la administración Obama por el eje Venezuela, Ecuador y Bolivia; ni cuánto le quitará el sueño a Washington la presencia de Rusia en Venezuela. En cambió sí habrá preocupación en la medida en que dicha área se acerque a Irán.

El futuro presidente podría, además, conseguir un mejor entendimiento con los díscolos de la región, y encaminar el caso cubano (entenderse con Raúl Castro), aunque difícilmente logrará suspender el bloqueo.