El pasado 30 de septiembre, el Foro de América Latina de la FPSC en Roma organizó un nuevo encuentro entre diplomáticos y periodistas para profundizar sobre las consecuencias del viaje apostólico que realizó el papa Francisco a Cuba y Estados Unidos, los días 19 a 27 de septiembre.

El encuentro “Las repercusiones del viaje del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos” se celebró en el Hotel NH Giustiniano (Via Virgilio, 1) de Roma.

En esta ocasión se contó como conferenciantes con tres periodistas que viajaron con el Papa al continente americano: la mejicana, Valentina Alazraki; y los estadounidenses, Frank Rocca y Alan Holdren.

La periodista Valentina Alazraki afirmó que el viaje del papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha cambiado la percepción que estos países tenían de él. Antes de este viaje, los estadounidenses lo percibían como un Papa que iba a condenar al capitalismo, al sistema estadounidense; los cubanos, como un Pontífice que les iba a apoyar en su visión igualitaria de la sociedad. Sin embargo, los temas abordados por el Pontífice fueron otros. En Cuba habló sobre libertad religiosa, insistiendo en buscar lo que une y no lo que divide. No buscó la confrontación, sino la concordia.

Otros aspectos analizados por Alazraki fueron las repercusiones políticas en tema de migración y pena de muerte, sobre lo cual la periodista se mostró pesimista, pues, según afirmó, la influencia de un Papa nunca ha tenido un impacto político, aunque sí moral. También destacó los temas de la inmigración y la pedofilia, abordados en Filadelfia, destacando el aliento del Papa hacia los inmigrantes a mantener sus raíces, y la solidaridad hacia las víctimas de pedofilia, pronunciando un discurso fuerte, incluso sobre los obispos y su responsabilidad. Otros aspectos tratados de manera sutil fue la defensa de la vida o el matrimonio entre hombre y mujer abierto a la vida, sin pronunciar los términos “aborto”, “eutanasia” u “homosexualidad”.

Por último, sobre los disidentes detenidos la periodista Alazraki indicó que pudiera parecer el punto débil del viaje, pues si bien la nunciatura en Cuba había tenido contacto telefónico con algunos disidentes, indicándoles que si estaban allí cuando el Papa pasase, les saludaría, tal encuentro no se produjo, al menos de manera pública. Sin embargo, aseguró que este hecho no denota falta de atención, sino que debió haber algún motivo importante. No hay que olvidar, señaló la periodista, que el Santo Padre llevó consigo a Paul Richard Gallagher, Vicesecretario para la Relaciones con los Estados. Además, recalcó que llevar adelante el proceso iniciado en Cuba ha sido quizás más importante que haber tomado contacto directo con ellos.

Alan Holdren, por su parte, destacó la forma en la que el Papa plantea las cuestiones, que es distinta a la de Papas anteriores, aunque el mensaje de la Iglesia continúe siendo el mismo. Asimismo, recalcó los temas como el derecho de la libertad de conciencia, a raíz de la problemática suscitada por las hermanas que desde su clínica se mostraron contrarias a las políticas sanitarias contraceptivas del Gobierno; o las repercusiones que el viaje del Papa ha generado, aún después de que este haya finalizado, como que se produjese la ejecución de una mujer en Georgia, a pesar de su carta disuasoria. También destacó la importancia de que el mensaje del Papa se haya podido escuchar íntegramente a través de la televisión.

Asimismo, consideró importante que el Santo Padre se haya presentado como “hijo de emigrantes y hermano de este pueblo”, algo de especial importancia para los estadounidenses.

Por su parte, Frank Rocca se centró en el mensaje del Papa y la claridad de su exposición, señalando que el Pontífice no habló, como se esperaba, en estos dos países como lo hizo Juan Pablo II en Polonia. Aunque el Papa ha sido escuchado y entendido por los obispos, La Habana y la Casa Blanca, ha abordado temas “casi sin tocarlos”; animando, sin gritar las cosas. Esto, considera el periodista norteamericano, ha podido decepcionar a los católicos estadounidenses militantes, dada la importancia de estos temas, lo cual en los próximos años podría volverse un problema. “Los obispos lo siguen, los laicos lo entienden un poco menos” dijo. Existe un problema interno no fácil, si bien “los fieles no vayan a criticar al Papa”.