Imagen: Sasiga (Etiopía)

Entrevistamos a nuestra compañera Mónica Colmena, jefa de misión de la FPSC en Etiopía, para conocer mejor este país africano y los proyectos que la FPSC desarrolla en él en la actualidad.

Mónica, has sido compañera nuestra durante muchos años en sede y decidiste hacer un cambio en tu carrera profesional e irte a terreno. ¿Qué es lo que te motivó a dar ese salto?

Mónica Colmena: No es que me motivara algo en concreto. Siempre he querido trabajar en terreno, siempre lo he tenido en mente, pero muchas veces la situación personal y la vida te llevan por otros sitios. Tanto mi familia como mis compañeros ya lo sabían, porque siempre lo he hecho notar. Así que cuando surgió la posibilidad, porque nos aprobaron el proyecto de Etiopía, pedí irme para allá, no solo por ir a terreno, sino porque Etiopía me parecía un país especialmente interesante, porque el proyecto es agroforestal, que encaja muy bien con mi perfil, y porque me apetecía el cambio.

Eres una mujer con una familia, tienes niños pequeños. ¿Qué ha supuesto de dificultad o qué es lo que te ha resultado más difícil a la hora de tomar esta decisión?

MC: Cuando estás tú solo y decides por ti es mucho más fácil liarte la manta a la cabeza y decidir rápidamente. En este caso, con niños pequeños, uno de 4 y otra de un 1, que en aquel momento tenía 6 meses, lo que más pesaba era el tema sanitario. Etiopía a nivel de desarrollo tiene muchas desventajas para los niños, no tienen todas las comodidades que tienen aquí. Pero al mismo tiempo eso supone un aprendizaje diferente de vida muy bueno para ellos, que les saca de su burbuja de país desarrollado. Son muy pequeños pero todo eso va a ir calando. Ya Martín, con 4 años, pregunta muchas cosas y empieza a no darlo todo por supuesto. En ese sentido, poniendo todo en la balanza, he pensado en todo momento que esto compensaba, aunque también suponga un esfuerzo grande.

Te encuentras en el momento en el que has tomado la decisión con los tuyos; os habéis liado la manta a la cabeza y llegáis a Etiopía. Háblanos un poco de tu impresión de ese país y de su gente.

MC: Yo había hecho una incursión primero sola para la búsqueda de todo el tema logístico. Ya entonces esa primera incursión fue bastante complicada, pero no imaginé que luego con la familia iba a ser tan difícil. Cuando tú vas, si te estás adaptando a un sitio, solo estás tú; pero, cuando tienes cerca a la familia, sufres más por todos ellos. Fue un momento complicado. Nos costó mucho. Todo el tema logístico, con niños, se complica mucho más. Sin embargo, tener una pareja te ayuda, hace todo más fácil, y la ilusión de empezar algo nuevo ayuda también.

Por otra parte, nos hemos establecido en Addis Abeba porque actualmente tenemos un proyecto agrícola en Nekemte, pero la idea es identificar otras necesidades, y estar en esta ciudad es lo más práctico a todos los efectos. Sin embargo, Addis Abeba es una ciudad un poco hostil, y Etiopía es un país muy burocrático, es como estar en España hace 50 años. La burocracia es agotadora, tardas mucho en tramitar todo. No estás acostumbrado a esto. Pero bueno, hay que hacer un esfuerzo por cambiar el chip y concienciarte de dónde estás y por qué. Piensas que vas a llegar a la capital de Etiopía y que no habrá tantas diferencias, pero las diferencias son abismales.


¿Y cómo es su gente? ¿Qué te llamó la atención?

MC: La gente tiene un trato muy agradable. Las diferencias culturales son grandes, pero el trato es muy bueno en todo momento. La gente es especialmente agradable con los niños, tiene un respeto hacia el niño que yo no he visto en España. A nivel de trabajo tienen otro ritmo, al principio es un poco desesperante, porque tú te fijas tus plazos, tus tiempos y esperas que haya una respuesta y no la hay. Tienes que buscar la manera de encontrar el punto de equilibrio entre tu forma de trabajar y la suya, pero siempre con mucho respeto por intentar entender a la otra parte. Todo lleva un proceso que no es fácil.

El país tiene muchas diferencias entre unas zonas y otras. ¿Qué nos puedes contar para conocer un poco más Etiopía?

MC: El país es muy diferente, muy variado en todos los sentidos. El proyecto está en Nekemte, que está a 300 km de Addis Abeba. Hacia el Oeste es una zona especialmente verde, montañosa, son las “highlands” y es precioso. La zona del Este es desierto; es una zona mucho más dura y hostil, así como el Sur. Ahora se está produciendo una situación de emergencia tras dos años de sequía.

Es el fenómeno del Niño, ¿no?

MC: El fenómeno del Niño está por venir. Hasta ahora han tenido unas épocas muy malas de lluvia que han derivado en situación de sequía. El efecto del Niño se va a notar ahora. Si ya la situación es difícil, lo que está por venir da miedo, sobre todo en la zona del Este y del Sur, donde está muriendo ganado.

¿Tienes alguna información para poder cuantificar un poco los efectos, las necesidades de emergencia que hay ahora mismo?

MC:
Ahora mismo ya hay gente pasando hambre. Es muy indicativo el tema de los animales, que esté muriendo el ganado. Por ejemplo, en algunas zonas especialmente duras, se están muriendo los burros, y cuando esto se produce es que la situación es especialmente sangrante.

Además, me comentabas que en Etiopía la agricultura es el motor del país.

MC: Sí. Un porcentaje altísimo de los habitantes de Etiopía vive de la agricultura y en su mayoría de una agricultura de subsistencia. Esto quiere decir que ellos cosechan tras la época de lluvias y viven los meses siguientes de lo que cosechan. Luego hay unos meses de carencia en los que cada uno sobrevive como puede hasta la siguiente temporada, cuando pueden volver a cosechar. Si la cosecha se da especialmente mal, ese periodo de escasez se alarga y, entonces, la vulnerabilidad es más clara. Ya tenemos los efectos del Niño y su situación es brutal.

Me gustaría hablar de los proyectos que la FPSC está desarrollando allí. Cuéntanos acerca del proyecto que se desarrolla en Nekemte, en qué consiste, acerca de los socios locales con los que tú trabajas y un poco la percepción que tienes de los beneficiarios potenciales de ese proyecto: qué conocen de nosotros, qué esperan, o qué relación has tenido con ellos.

MC: Se trata de un proyecto agroforestal que tiene como objetivo mejorar la productividad agrícola en la zona de Nekemte. Persigue, básicamente, la diversificación agrícola, la mejora de los sistemas de irrigación y la restauración forestal, porque uno de los problemas más grandes del país es el deterioro del medio ambiente.

Cuando llegué me sorprendió mucho que Etiopía estuviera repoblada de eucalipto; no lo sabía. El eucalipto es un árbol alóctono que se ha adaptado muy bien en el país. Es un árbol que no se da allí, y que en su momento, hace ya décadas, se decidió plantar como solución a las demandas de la población. Cumple con una función, porque es un árbol que, al crecer muy rápido, se puede cortar rápidamente y cubrir las necesidades de leña, construcción… Lo utilizan para todo. Al tratarse de un país que estaba esquilmado, suponía una solución, pero no sé hasta qué punto el eucalipto es el árbol más indicado, y ahora está extendido por todo el país.

El problema es que la presión sobre el bosque sigue existiendo; muchas veces se esquilma y ello deriva en pérdidas de suelo, en detrimento también para el cultivo. El proyecto contempla restauración forestal con árboles locales. Se han seleccionado beneficiarios de tres woredas (distritos): Diga, Guto Gida y Sasiga, muy cercanas a Nekemte.

Se han seleccionado los beneficiarios y se han agrupado en grupos de ahorro. Estos grupos de ahorro manejan los recursos del grupo: semillas, fertilizante, etc., para repartirlos entre sus miembros. No es a fondo perdido, se les da esos recursos y el campesino se compromete, cuando pasa un tiempo, a devolver el fondo al grupo.

Estos grupos de ahorro se reparten también las labores de trabajo. Uno de los principios básicos de los proyectos de cooperación es que el beneficiario se implique y reciba, porque realmente si no hay una apropiación por parte del beneficiario, nada tiene sentido. Por ello, se implican en todas las tareas, por ejemplo en la irrigación: son ellos los que identifican los ríos desde donde se va a canalizar y prestan luego la mano de obra. Con las reforestaciones ocurre igual: se están formando los viveros para reforestar y son ellos los que trabajan en ello. Sienten el proyecto como suyo.

He tenido la oportunidad de estar en algunos momentos en alguna reunión de los grupos de trabajo. Al principio, es difícil, porque rompes un poco la armonía. Estás allí, no saben muy bien quién eres, si eres un socio local, si eres el donante. No identifican a todos los actores, mezclan todo un poco. Pero bueno, ven que estás allí, qué estás haciendo fotos, que estás preguntando y no hablas el idioma. Más tarde cogen confianza.

La limitación del idioma es muy grande porque Etiopía es un país con muchas etnias y muchos idiomas. En zonas rurales, incluso en Addis Abeba, es difícil manejarte en inglés. Se hablan distintos idiomas, muy diferentes. Los más extendidos son el Oromo, Amárico, y Tigriña. Son muy diferentes unos de otros y resulta difícil entenderse. La barrera del idioma es importantísima. Ahí también juega un papel muy importante el socio local, el coordinador del proyecto por parte del socio.

¿Qué esperas, por un lado, de tu experiencia, y por otro, del propio proyecto?

MC: El proyecto es muy bueno, y viene a asentar un poco todo el trabajo que se está haciendo de desarrollo y que va a quedar ahí, porque tú creas una inercia, sobre todo en algunas de las woredas donde no se había hecho nada. En Sasiga, el trabajo con los beneficiarios continuará una vez que el proyecto haya finalizado, porque van a seguir trabajando con los grupos de ahorro y manejando una serie de recursos. La inercia de trabajo se va a ir extendiendo y esto es muy positivo.

En cuanto a mí, en todo momento sientes que vienes de fuera y estás ahí infiltrándote de alguna manera. La idea es intentar entender un poco más la cultura, acercarte más al beneficiario, ver un poco cómo ellos reciben todo este trabajo, aunque no es fácil.

Por último, sé que hay un nuevo proyecto de la Fundación. Cuéntanos acerca de él porque es otro sector completamente diferente.

MC: Sí, es otro sector completamente diferente. La FPSC lleva trabajando desde hace tiempo en Etiopía y en su estrategia de trabajo se tratan temas medioambientales, de salud y educación.

La FPSC empezó trabajando en temas de salud en Etiopía; llevó a cabo la construcción del centro de salud de San Gabriel, que está en un barrio de Etiopía al sur, Akaki Kality, bastante pobre, y da solución y servicio a muchísima población que no tiene recursos. El sector sanitario en Etiopía es muy deficitario. En los últimos tiempos, el gobierno ha puesto en marcha la construcción de nuevos centros e intenta dar más cobertura a la población.

Uno de los retos a los que se enfrenta es que el personal sanitario todavía no está suficientemente formado, no se recicla. Nuestro proyecto tiene como objetivo el fortalecimiento de las capacidades del personal sanitario en el centro de salud San Gabriel. Se trata de una serie de formaciones en temas de análisis, laboratorio, farmacia, gestión o atención al paciente. Se persigue mejorar el procedimiento, no sólo el sanitario, sino la gestión del centro de salud. Por ejemplo, se pretende cambiar de un registro manual a un registro electrónico, desde donde se pueda acceder al historial del paciente, y no solo del centro de salud San Gabriel, sino también de los otros 10 centros de salud que están dando servicio a la comunidad de Akaki Kality. Existe, en este sentido, un acuerdo con el Ministerio de Salud. El proyecto está totalmente alineado con las políticas gubernamentales.

La idea es que comience en marzo, y su duración será de 2 años. Viene a dar continuación a la labor de FPSC y su compromiso con este centro en concreto.