Recientemente ha finalizado el proyecto “Apoyo a jóvenes y mujeres pobres de zona marginal de Lima” en Perú, financiado por la Fundación Reina Sofía y desarrollado junto con el socio local ADEFI.

El Cono Norte de Lima es una zona en expansión y lugar de destino de las corrientes migratorias del interior del país.

En este contexto, el programa, con una duración de 3 años, ha tenido como fin mejorar las condiciones de vida de la población, concretamente la capacitación de jóvenes -mediante la realización de cursos de formación profesional en las áreas y sectores más demandados- y el apoyo a la construcción de un Centro de Capacitación Profesional; y la capacitación nutricional de las madres de familia que regentan los comedores populares y el equipamiento de 6 de ellos, con el objetivo de lograr mayor calidad y eficiencia de los mismos.

En total, los beneficiarios han sido 1.450 mujeres y jóvenes.

Elvia García Pérez, madre de familia de cuatro hijos, y beneficiaria del proyecto del asentamiento humano Señor de los Milagros, cuenta cómo es un día de una madre de familia del Comedor Popular Valle Yung:

“Me levanto a las cuatro y media de la mañana para preparar el desayuno en el «Vaso de Leche» que funciona en la comunidad. A las seis y media terminamos de repartir los desayunos y preparo a mis niños para que vayan al colegio; 3 están estudiando y el más pequeño se queda con su papá que está descansando, porque él trabaja haciendo limpieza en un centro educativo de una de la tarde a doce de la noche.

Los días que tengo “turno” para cocinar, después de dejar a mis hijos en el colegio, voy al mercado a hacer las compras para preparar en el comedor (pollo, verduras, papas, etc.).  A las nueve de la mañana empezamos a cocinar. Ahora lo hacemos con más rapidez con la cocina que nos han regalado, porque las hornillas dan buen fuego. A las doce y media terminamos de repartir los almuerzos y recibimos los pedidos para el día siguiente, que se pagan por adelantado, pues con esa plata hacemos las compras.

La gente está más contenta porque tenemos variedad en el menú gracias a lo que hemos aprendido en las clases de nutrición. También es más fácil hacer la limpieza del comedor con el piso nuevo que tenemos.

Hacia la una terminamos, y me voy a mi casa para atender a mis niños que llegan del colegio acompañados de su hermano mayor, llevando 4 raciones que me han entregado de manera gratuita por haber cocinado, y las compartimos toda la familia.

Por la tarde trabajo en mi casa tejiendo chompas o lavando ropa de otras personas, y ayudo a mis hijos con sus tareas escolares. A las seis y media de la tarde les doy su última comida -leche con avena y pan con mantequilla-, y los acuesto hacia las ocho de la noche. Después de preparar sus uniformes y asear mi casa, me acuesto. Ya son las diez de la noche.

Los sábados apoyo en la limpieza del colegio donde estudian mis hijos.

 

Mi esposo gana S/. 550 al mes (203 dólares) que no alcanza para todos los gastos de la casa: pasajes, útiles escolares, ropa, medicinas, alimentación los días que no cocino en el comedor… Por eso, mi participación en el «Vaso de Leche» y comedor es muy importante, porque asegura la alimentación de la familia.

Los días que no cocino en el Comedor compramos las cuatro raciones a S/. 1.50 cada una.

A pesar de todas las dificultades que pasamos, estoy muy contenta porque no sólo apoyo a mi familia, sino que ese arduo trabajo también beneficia a las familias de mis vecinos”.