El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el acceso seguro al agua potable y al saneamiento como un derecho humano, y la FPSC trabaja para contribuir a la consolidación de ese derecho fundamental de las personas, y, asimismo, para que en zonas áridas y semi-áridas se den los niveles mínimos de agua necesarios para la producción de alimentos.

Atendiendo a estos principios, en la actualidad, la FPSC desarrolla siete proyectos en diferentes regiones:

En el Día Mundial del Agua, que se conmemora en todo el mundo el 22 de marzo, la FPSC celebra, en el marco de uno de sus proyectos, que el pueblo guaraní tenga por fin agua potable en sus viviendas.

Hace apenas veinte años un grupo de guaraníes abandonó la hacienda en la que sus familias habían vivido desde hace generaciones como “pongos” (régimen de servilismo abolido oficialmente en Bolivia en 1953, pero que aún pervive en regiones remotas del Chaco boliviano). No encontraron otro territorio en el que iniciar su vida como un pueblo libre más que en las agrestes estribaciones de la cordillera del Parabanó, en el municipio de Cabezas. Allí fueron arrancando a la selva pequeñas porciones de tierra cultivable, construyendo casas rudimentarias y, finalmente, fundando la comunidad de La Ripiera.

Han tenido que pasar más de tres lustros para que sus habitantes tengan agua potable en sus viviendas, y ello gracias al proyecto “Mejora de las condiciones de vida de cuatro comunidades rurales del departamento de Santa Cruz, Bolivia, a través del suministro de agua potable” que la Fundación Promoción Social de la Cultura y la Asociación para la erradicación de la Pobreza, con la financiación de la Junta de Castilla y León, vienen ejecutando desde 2014.


El proyecto no ha carecido de dificultades técnicas. El pozo, con 233 metros de profundidad ha conseguido arrancar agua al alma misma de los cerros, en una región donde el líquido elemento es tan valioso como el metal más preciado. Con un caudal escaso pero suficiente de 1,50 litros por segundo, se alimenta un tanque de 25.000 litros ubicado en la punta de un promontorio, desde donde la red matriz recorre cuatro kilómetros sorteando barrancas y lomas hasta desembocar en la comunidad, donde cada una de las 43 familias recibe agua del grifo en su propia casa… Con el acceso al agua potable, los habitantes de La Ripiera cubren su necesidad más apreciada como comunidad.

El largo camino del pueblo guaraní hacia la igualdad con el resto de la sociedad boliviana ha dado un paso más en esta lucha por la dignidad de una etnia que tanto tiene que enseñar al resto del mundo.