Hoy miércoles, 8 de julio, se conmemora el primer aniversario del comienzo de la operación «Margen Protector» -también conocida como tercera guerra de Gaza- que según los datos compilados por Naciones Unidas provocó más de 2.200 muertos y 11.000 heridos en el lado palestino, de ellos el 70% civiles.

Los grandes perdedores de la guerra del pasado verano fueron sin duda los niños, dado que fallecieron casi 500, mientras que más de 3.000 resultaron heridos de diversa consideración, además de muchos miles más presentaran las correspondientes secuelas psicológicas de la guerra.

Además del alto grado de destrucción en relación a las dos campañas anteriores («Plomo fundido» en 2009 y «Pilar defensivo» en 2012) otro fenómeno especial de esta guerra fue la muerte de familias enteras. Una muestra son los Abu Yama´a de Jan Yunis, habiendo fallecido 25 parientes de cuatro generaciones tras el impacto de un misil aire-tierra contra el edificio familiar en el que hacían la comida del iftar con la que los musulmanes rompen el ayuno en el mes de Ramadán.

Según Naciones Unidas 18.000 edificios resultaron total o parcialmente dañados, la mayoría de los cuales siguen sin ser reconstruidos debido a la falta de financiación provocada por la falta de cumplimiento de los desembolsos prometidos por los donantes internacionales en la Conferencia de Reconstrucción de la Franja de Gaza, celebrada en El Cairo el 12 de octubre de 2014, bajos los auspicios de los gobiernos egipcio y noruego. Las restricciones aplicadas por Israel a la entrada de materiales de construcción -considerados de doble uso- así como el constante cierre del paso fronterizo de Rafah por parte de Egipto también han contribuido a la precariedad de la reconstrucción.

En este contexto de permanente crisis humanitaria -con un índice de desempleo que supera el 45% de la población activa y el 65% entre los jóvenes, lo que constituye un record a nivel mundial- la FPSC acaba de ver aprobado un proyecto de desarrollo rural para el norte de la Franja, que será financiado por la AECID y a través del que se rehabilitarán varios pozos de agua para uso agrícola y se instalarán sistemas de energía solar en granjas para aves de corral que generen electricidad para proporcionar las necesarias iluminación nocturna, refrigeración en época estival y calefacción en la invernal.