El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria  (www.worldhumanitarianday.org), se celebra el cada 19 de agosto desde que fuera declarado por Naciones Unidas en 2003 y sirve de homenaje a todos los trabajadores humanitarios que se enfrentan a situaciones de peligro para ayudar a otros.

La FPSC se une a esta celebración, desde la que queremos agradecer su trabajo a todos nuestros compañeros en terreno sin los cuales no se podrían llevar a cabo los proyectos de ayuda humanitaria de la fundación en Jordania, Líbano, Gaza o Costa de Marfil (www.fundacionfpsc.org/ayudahumanitaria).

Por este motivo, adjuntamos unas reflexiones que recibidas de nuestra Jefa de Misión en Amman (Jordania):

“¿Qué se siente al saber, de verdad, que alguien, un familiar de uno de nuestros voluntarios en el campamento de refugiados en los que trabajamos, será ejecutado por un grupo armado, en algún momento esta mañana, después de haber sido torturado la noche anterior, ya que no quiere a unirse a ellos? O que un hombre viajó ayer al campamento de Irbid para pedir ayuda (disculpándose por molestarnos), porque las hijas de su amigo, una niña de 10 años de edad y su hermana, un bebé de 10 meses, están solas en la frontera, sin ninguna protección, porque no les dejan entrar (los países vecinos están desbordados).

O, el asistir a una reunión tras otra con los diversos actores humanitarios para decidir cómo priorizar los casos, debido a que no hay suficientes fondos para proporcionar el mínimo necesario para la supervivencia de todos ¿Cómo priorizar? ¿Quién va primero? ¿Atender los casos de niños con parálisis cerebral, en primer lugar? ¿O aquellos de niños con espina bífida? y así uno tras otro jugando a ser Dios porque no hay fondos suficientes. Pero, ¿a qué crisis humanitaria se ha de dar prioridad? ¿Siria? ¿Etiopía? ¿Yemen? ¿A los palestinos? ¿A los rohinyás de Birmania? ¿Burundi? ¿Malí? ¿República Centroafricana? y así sucesivamente, una lista terrible e interminable…

Es una realidad que estas personas viven cada día. Un familiar, un vecino, un amigo, un maestro de la escuela, un ser querido que ha muerto, el pueblo de alguien que ha sido bombardeado, el niño pequeño de alguien que ha sido asesinado por las fuerzas del gobierno o por otro actor armado…

Los civiles son el blanco en su propios hogares (con las nuevas tecnologías que conocen su ubicación minuto a minuto en la distancia). Una constante ansiedad por sus seres queridos, esta es la realidad de los refugiados en los campamentos, en tierra de nadie tratando de escapar de la muerte, en los barcos en el mar Mediterráneo, en los centros de detención europeos,  australianos o norteamericanos y así sucesivamente.

Mientras tanto, los que pueden cambiar esto exigiendo ayuda a sus gobiernos ¿simplemente están de vacaciones?

No tengo una respuesta para este sentimiento, un nudo en la garganta, ardor en el pecho que te impide respirar correctamente.

Por favor, queridos amigos, presionad a vuestros gobiernos a conceder asilo a estas personas, presionadlos para terminar de inmediato este horror, no con bombas, pero con el desarrollo.

Presionad para que se respeten los Derechos Humanos y los convenios internacionales de derechos humanos que han firmado en nombre de su país, en su nombre… Presionad para luchar contra la desigualdad que es la fuente de todo el odio y las guerras, presionad, presionad, vosotros sois sus voces, pensad en vuestros seres queridos, en sus hijos y preguntaros a vosotros mismos qué haríais si estuvierais en su situación (María López de Haro. Jefe de Misión FPSC Jordania. 14/08/2015)».