El 4 de agosto, una explosión devastadora en el puerto de Beirut estremeció la capital libanesa.

Además del gran drama humano – cerca de 180 muertos, 6.000 heridos y 300.000 desplazados- y de innumerables daños estructurales en la ciudad, la violenta descomposición del nitrato de amonio por las altas temperaturas liberó gases tóxicos como el amoniaco y dióxido de nitrógeno, altamente contaminantes y perjudiciales para la salud.

Ante esta situación, la Fundación lanzó la campaña de emergencia ‘SOS Beirut: respiradores’ para la adquisición de 8 respiradores en ayuda a 50 personas con problemas respiratorios, para las que la presencia de estos gases en el aire supone un gran riesgo.

Esta acción se ha llevado a cabo de la mano de Arcenciel, ONG libanesa sin ánimo de lucro, que apoya a las comunidades más desfavorecidas y marginadas del Líbano, sin ningún tipo de discriminación, encargada de la compra de los equipos y su posterior distribución, y con la que la Fundación lleva trabajando desde 1996.